Llevaba mucho tiempo pensando en una sesión de fotos en familia. Pero tenía mis dudas pues el peque no siempre lleva bien estar con extraños, ¡él es así! Y quería que las imágenes retrataran algo real, sin artificios. La enfermedad de Noa, una de nuestras gatas, me hizo dar el paso. No sabemos cuánto tiempo estará con nosotros y para mi era importante retratar a la familia al completo. Se acercaba la Navidad, así quise hacer algo en casa, todos juntos. Papá, mamá, el niño y las tres gatunas.

Violeta llegó a casa para captar el momento donde dábamos el pistoletazo de salida a la Navidad y en un suspiro se metió a todos en el bolsillo. Mientras adornábamos el árbol el niño se relajó, se divirtió y fue él, sin vergüenzas, sin reticencias. Mis gatas también se divirtieron entre cintas, bolas y cajas, no pusieron muchas pegas. Y yo me sentí genial, viendo que se estaba retratando la realidad sencilla de nuestra familia.

No me equivocaba, las fotos que vimos después así lo demostraron. Hoy visten algunas paredes de nuestra casa, las miro y sólo puedo sonreír. Son maravillosas, preciosas pero sobre todo son auténticas. Gracias Violeta, por una sesión inolvidable.

 

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